Pobreza...¿de bienes o de espíritu?
Esta tarde he visto el programa que Televisión Española ofrece por las tardes, "España directo". Han realizado un reportaje buenísimo sobre las condiciones de vida en las que viven algunas personas en nuestro país.
No hablaban sobre vagabundos, sino sobre personas que tienen una casa enun pueblo, marido o mujer, e hijos. Viven en una pobreza sorprendente. Un señor contaba cómo, en invierno, a pesar de que él trabaja, no tiene dinero para que sus hijos puedan disfrutar de un pequeño aparato que caliente el aire de su habitación. Le daba rabia.
El estado de las casas era desastroso. Los suelos no tenían baldosa o capa alguna de material por encima de la piedra de la construcción. Eran lugares fríos.
Contaba la reportera cómo cada tarde las mujeres se reunen para pasar el rato hablando. Todos los días las mismas cuatro o cinco. Decían que cuando no tienes nada, la compañía es un gran tesoro. Reían juntas. Se notaba que mantenían una bonita amistad.
La cámaraha mostrado luegocómo varios niños jugaban a fútbol con la típica botella de plástico vacía. Disfrutaban corriendo tras ella por las calles embarradas y sin asfaltar de su pueblo. Transmitían inocencia. Una de las niñas, cuya edad rondaría los 12ó 13 años,tras ser preguntada por los juegos con los que se entretienen, con una sonrisa inmensa en la cara ha dicho: "Al escondite, a pillar, a fútbol... Podemos jugar a lo que queramos, ¡hay muchos juegos!".
Cuando he escuchado este comentario, me he quedado pensando. A esa edad, la mayoría de niñas andan pensando en los teléfonos móviles, la ropa, los chicos de su clase y las revistas de moda juvenil.
Cada uno tiene su ambiente, desde luego. Pero observo que a los niños ahora se les da todo lo que piden. Conozco a muchos padres que, pensando que es así como van a hacer de su hijo una persona feliz, cualquier cosa que piden por su boquita, con unos cuantos lagrimones, vaa parar a sus manos. Muchos niños se vuelven así consentidos yadquieren un gran mal genio. Unas pequeñas fierecillas que tienen los últimos móviles que salen al mercado, las PS2 (creo que Play Station 2 se escribe así) de todos los tipos.
Tener bienes no es malo, lo sabemos todos. Pero, cuando nos dan demasiado, nuestra humanidad queda escondida tras el afán de posesión de más y más bienes materiales. Así, acabamos despreciando los bienes que no son tanto materiales como inmateriales, o del espíritu, como pueden ser la verdadera amistad, el amor, o lo religioso.
Esos niños no tenían casi nada. Conservaban sin embargo la pureza de la infancia, y la sonrisa infinita que debería iluminar todos los rostros, y cuánto más los de los niños.
No es utópico esto de lo que hablo; es cuestión de plantearse prioridades. Para mí ha sido una lección muy grande ese reportaje, porque considero que es egoísta el que yo tenga mi pensamiento triste porque, al contrario que otras amigas, no me voy a ir a comprar la ropa de verano todavía. O porque en verano seré de las que no van a Londres a aprender inglés, o a un apartamento a orillas del mar. ¡Cuántas estupideces podemos meternos en la cabeza? Somos personas, nos debería asustar mucho más en qué condiciones viven los demás y debería quizás sorprendernos cómo, sin tener nada, nos aportan un gran testimonio de qué es lo que llena de modo más verdadero el corazón humano.
